Oxiacetilénica vs Electrodo - Contenido educativo
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¡Muy buenas! Hoy vamos a meternos de lleno en una auténtica batalla de titanes.
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Por un lado, el fuego. Por el otro, la electricidad.
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El objetivo, forjar las estructuras más gigantescas que se puedan imaginar.
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Desde esos rascacielos que casi rozan las nubes, hasta los barcos que se comen los océanos.
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Todo, absolutamente todo, depende de cómo unir piezas de metal con una fuerza, bueno, increíble.
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¿Y cómo se consigue eso? Pues vamos a descubrirlo.
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A ver, pensad en esto un momento.
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Cuando se mira un rascacielos, ¿alguien se ha parado a pensar cómo es posible que esas vigas de acero que pesan toneladas se queden ahí, pegadas, aguantando todo ese peso?
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La respuesta es una pasada, es casi como magia. Se llama soldadura por fusión.
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Bueno, pues este es el plan de hoy. Primero vamos a ver las dos maneras principales de conseguir esa fusión.
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Empezaremos con el método clásico, la soldadura con fuego, la oxiacetilénica.
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oxiacetilénica. Después saltaremos a su rival, la soldadura con electricidad o SMAU. Luego las
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pondremos cara a cara en un enfrentamiento directo. Y para terminar, hablaremos de lo
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más importante de todo, la regla de oro, la seguridad. Venga, pues al lío. Para entender
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esta batalla, primero tenemos que conocer el campo de juego. Hay que entender el concepto
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que tienen en común estas dos técnicas. La idea en realidad es muy sencilla pero
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súper potente. La fusión. Da igual el método. El objetivo es calentar los metales hasta que
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se vuelvan líquidos. Una vez se enfrían y se solidifican, ya no tienes dos trozos de metal
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pegados. Tienes literalmente una sola pieza, sólida, continua y súper resistente. Ese es el
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quit de la cuestión. Vamos con el primer contendiente, la técnica más clásica, la de toda la vida,
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la soldadura oxiacetilénica. Aquí el protagonista absoluto es el fuego, una llama que se puede
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controlar con una precisión que es una auténtica maravilla. ¿Y de dónde sale esa llama tan especial?
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pues es pura química. Tenemos dos gases. Imaginen que el acetileno es la gasolina,
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el combustible, y el oxígeno puro es el turbo, lo que hace que esa gasolina arda con una fuerza
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descomunal. Esa mezcla es la que nos da un calor extremo. Y cuando digo extremo, no exagero. Hablamos
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de 3100 grados Celsius. Para que nos hagamos una idea, es temperatura más que suficiente para
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derretir la mayoría de los metales que conocemos como si fueran, vamos, mantequilla al sol. El
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equipo es bastante fácil de identificar. Siempre hay dos botellas de gas, una para cada uno y con
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colores distintos para que no haya líos. En cada botella hay un manorreductor, que es básicamente
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el grifo con el que regulas la presión, la chicha que le metes. De ahí salen las mangueras que
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llevan el gas hasta el soplete, que es la herramienta donde ocurre la magia y se crea la
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llama. Y aquí viene lo interesante de esta técnica, su secreto. No hay una sola llama, sino tres.
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Jugando con la mezcla de los gases consigues la llama perfecta para cada material. La llama neutra
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es la estándar, la que vale para casi todo. La carburizante, que tiene más acetileno, es ideal
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para aceros más duros. Y luego está la oxidante, con más oxígeno, que se usa para metales como el
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cobre. Es una pasada la versatilidad que te da. Muy bien, cambiamos de tercio. Dejamos el fuego
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tranquilito y nos vamos al otro bando. Entramos de lleno en el territorio de la electricidad,
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con la segunda técnica, la soldadura por arco, más conocida como SM a overall. Aquí la cosa
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funciona de una manera totalmente distinta. En vez de una llama, lo que se crea es un corto
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circuito, pero totalmente controlado. Imaginen un pequeño rayo que salta desde una varilla de metal,
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que es el electrodo, hasta la pieza que se quiere soldar. Ese rayo, ese salto, es el arco eléctrico.
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Y si la temperatura de la llama ya parecía una barbaridad, agarraos porque el arco eléctrico
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está en otra liga completamente. Hablamos de unos 5.500 grados Celsius. Es casi el doble de calor
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que la llama oxiacetilénica. Una concentración de energía de verdad brutal. El equipo aquí es en
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principio más sencillo. Todo gira en torno a la electricidad. Necesitas una máquina que te dé la
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corriente, los cables, una pinza de masa que se pone en la pieza para cerrar el circuito y el
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portaelectrodo, que es la pinza con mango donde se sujeta la varilla. Pero ojo, la verdadera estrella
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de esta técnica es el electrodo. No es un simple palo de metal. ¡Qué va! El recubrimiento que lleva
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lo es todo. Al quemarse con el arco, hace dos cosas a la vez. Primero, crea una especie de
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nube de gas que protege el metal fundido del aire. Y segundo, forma una capa por encima,
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la escoria. Piensen en la escoria como una costra que protege una herida mientras se cura. Pues esto
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es igual, protege la soldadura para que quede perfecta. ¡Perfecto! Ya conocemos a nuestros
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dos luchadores. Ahora llega el momento de la verdad. Vamos a ponerlos frente a frente. Un
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cara a cara para ver sus puntos fuertes, sus debilidades y sobre todo para qué trabajo elegiríamos
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a cada uno. Por un lado tenemos al artista, al cirujano, el fuego del oxiacetileno. Es perfecto
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para trabajos finos, delicados, como una barandilla de forja o reparar una chapa fina, donde necesitas
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control total del calor. Y por otro lado tenemos al peso pesado, el arco eléctrico. La fuerza bruta
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de la SMAV es la que se elige para unir las vigas de un edificio o el casco de un barco,
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donde lo que importa es la potencia y la resistencia. Y bueno, si una imagen vale más
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que mil palabras, este gráfico lo deja todo meridianamente claro. La diferencia de temperatura,
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la diferencia de potencia entre la llama y el arco es gigantesca, y eso explica perfectamente
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por qué se usan para cosas tan distintas. La potencia del arco te permite fundir aceros mucho
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más gordos y además mucho más rápido. A ver, hemos hablado de temperaturas infernales,
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de gases, de electricidad. Todo suena muy potente, ¿verdad? Pero nada, y digo nada de esto,
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tiene sentido si no hablamos de la parte más crucial de cualquier trabajo de soldadura,
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la seguridad. Y que esto quede grabado a fuego, nunca mejor dicho. Cuando trabajas con temperaturas
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que derriten acero y con arcos eléctricos más brillantes que el sol, la seguridad no es una
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sugerencia. Es la única regla. Aquí no hay medias tintas. Un despiste, por pequeño que sea, puede
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tener consecuencias muy serias. La primera barrera de protección es uno mismo, la armadura del
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soldador. Un casco o unas gafas especiales para proteger los ojos de salud tan intensa y de las
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chispas. Guantes y peto de cuero, porque el cuero no arde con facilidad y te protege del calor.
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Calzado de seguridad, por si cae algo. Y súper importante, una mascarilla para no respirar los
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humos que se generan. Y luego está el taller, el campo de batalla. Hay reglas que son sagradas.
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Siempre, siempre un extintor a mano. La zona de trabajo limpia de cualquier cosa que pueda arder,
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cartones, líquidos, serrín, fuera. Y tiene que haber buena ventilación. Y una regla de oro,
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de verdad, nunca jamás se usa el oxígeno para limpiar la ropa o las piezas. El oxígeno enriquece
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el aire y hace que todo sea extremadamente inflamable. Entonces, resumiendo, tenemos dos
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caminos que llevan al mismo sitio, a fusionar metal. Por un lado, la llama, el oxiacetilino,
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el control, la precisión, el arte. Y por el otro, el arco eléctrico, la potencia bruta,
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la velocidad, la fuerza para los grandes proyectos. Al final, la cuestión no es qué técnica es mejor
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en general. La pregunta correcta es cuál es la herramienta perfecta para cada creación. Así que,
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la próxima vez que vean una barandilla de forja con un diseño delicado o un puente de acero que
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parece indestructible, fíjense bien. A lo mejor ahora pueden adivinar si fue esculpido por el
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arte preciso del fuego o forjado por la fuerza imparable de un rayo.
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- Idioma/s:
- Materias:
- Mantenimiento de vehículos autopropulsados
- Niveles educativos:
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- Formación Profesional
- Ciclo formativo de grado básico
- Primer Curso
- Segundo Curso
- Ciclo formativo de grado básico
- Autor/es:
- Eduardo Merino Prados
- Subido por:
- Eduardo M.
- Licencia:
- Todos los derechos reservados
- Visualizaciones:
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- Fecha:
- 9 de diciembre de 2025 - 10:18
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- IES PRADO DE SANTO DOMINGO
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